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Esta educadora infantil vive su experiencia en los campamentos urbanos de Rivas
María González tiene 33 años y es vecina de Pinto, aunque durante el mes de julio ha vivido más en Rivas Vaciamadrid que en su propia ciudad porque ha sido la coordinadora de uno de los campamentos urbanos que el Ayuntamiento de Rivas ha organizado para los niños y niñas del municipio mayores de 3 años. Sus palabras destilan una sensibilidad especial, sobre todo, cuando habla de ellos, de los verdaderos protagonistas que la han hecho llorar, reír y emocionarse: sus niños.
¿Rompéis el tópico de los campamentos de verano son en el campo?
Son diferentes. Sí se rompe, cambia sobre todo el contacto con los padres. En un campamento externo no hay contacto con ellos, solo telefónico en caso necesario, aquí es diario.
¿Después de un mes con los chavales se les conoce como si fueran tus hijos?
Los tenemos en dos quincenas. Este año nos han cambiado los niños. Los que sí se han quedado todo el mes sí los conoces bastante, por donde cojean, llevarlos por un camino determinado.
¿Han sido necesarios algún tipo de intervenciones para resolver algún conflicto?
No ha habido ningún conflicto. Este campamento es sobre todo de integración. Aceptan las discapacidades de sus compañeros. No ha habido ningún conflicto. Se les educa en la integración.
¿Qué actividades han sido las más exitosas?
En todo el campamento, ha habido muchas. Lo que más les gusta es la piscina, eso sin duda. Las presentaciones les llaman la atención. El hilo conductor del campamento, uno musical y otro de dragones. Los talleres también son atractivos. Los mayores son más de actividades deportivas. También las gymkanas, donde se unen todas las edades.
¿El campamento continúa en casa o es más un deseo de los educadores?
Un poco de todo. Todo depende del tipo de familia. Hay muchas familias que sí lo trasladan, sobre todo de pequeños.
¿Cómo se continua en casa?
El mejor arma es tener una línea para seguir lo que el propio niño transmite. Si ha bailado una canción que se las enseñe a los padres, por ejemplo. Dar continuidad a los valores que intentamos transmitirle, como el respeto a los demás, a la naturaleza, etc.
¿Qué te llevas en la mochila de este campamento?
Muchos momentos con los niños. Trato de estar pendiente de la organización, de los monitores pero en realidad me quedo con los momentos que paso con los niños puntualmente. Me quedo con la niña de tres años que deletrea mi nombre, el niño con problemas de habla que consigue llamarme.
¿Con qué momento te has emocionado más?
Con un niño que ha vuelto al campamento y ayer particularmente trajo una caja de bombones para todos los monitores y me pidió que repartiéramos uno a uno. Me pareció un detalle precioso.
¿Ha sido fácil la integración de niños con discapacidad?
Ha sido fácil, porque tenemos monitores especiales. Hay personal que se puede dedicar a ellos. Quizá por la experiencia lo veo así pero yo creo que ha sido fácil. Los monitores te ayudan a ver cómo se puede mejorar la vida de estos niños.
¿Los padres se implican de alguna forma en estos campamentos?
Su implicación es mínima. El contacto tan solo es en la entrada y en la salida. Tampoco hay un espacio como tal, no hay espacio para ellos y por tanto la implicación es mínima. Hay familias que les pides que se traiga un material y lo traen y hay familias que no.
¿Qué valor ha sido la estrella de este campamento?
El compañerismo, tanto a nivel de monitores, como a nivel de niños. Hay niños de sillas de ruedas y los propios de su grupo piden llevarlo.
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